No es una carta de despedida

No es una carta de despedida. No lo es, porque no voy a ser capaz de describir lo que eres para mí, quien has sido ni cómo me siento. Pero no importa, tampoco entenderías esto si lo hubieras podido leerlo. Pero encontramos otra forma de entendernos. Hice todo lo que pude para que estuvieras a gusto, me sentía útil viendo que conseguía mejorar tu estado de ánimo; como tú hiciste conmigo en su época. Recuerdo que siempre sentía que te desvivías por hacerme reír, aunque quizás ignorabas que solo con llegar a casa y veter allí me ponía feliz; y me preguntaba qué pasaría si te marchabas, quién haría lo que tú hacías. No imaginaba que te ibas a ir con los papeles invertidos: yo buscando la manera por hacerte sonreír, cuidándote como a un niño pequeño. Quizás debería haberte dicho lo mucho que te quería, pero eso ya lo sabías, sentía que lo sabías; quizás debería haberte dicho que no te preocuparas, que ahora tengo a alguien que me quiere muchísimo y que siempre me hace reír, que me cuida siempre, para que te fueras más tranquilo.
No es una carta despedida porque me niego a decirte adiós. Aún me niego que cuando este mes acabe, no vaya a poder abrazarte y verte, reírme contigo, darte las buenas noches, taparte para que no pases frío, darte tarta para ponerte contento, y esos polvorones de chocolate que te prometí no hace mucho y por los que sonreíste al pensarlo, ni que vayas a poder darme besos.
Es todo muy extraño. En menos de un año os habéis ido los dos. Os habéis ido demasiado pronto. Yo aún soy pequeña, o al menos me siento pequeñísima, aún os necesitaba, os necesito a mi lado.
Ayer sentí como si hubieran tirado una bomba dentro de mí que hubiera arrasado con todo y no fuera capaz ni de encontrar lágrimas. Hoy es un poco más distinto. Hoy lo he visto un poco más real, hoy ha dolido más.
Éramos demasiado distintos, estábamos a mundos de distancia… Pero es fácil recorrerla con un simple gesto, con solo un abrazo. Hoy no sabía cómo recorrerla. Solo se me ocurría abrazarte, necesitaba hacerlo. Sentía impulsos de salir corriendo y aferrarme a ti, abrazarte, para que no te llevaran de mi lado; por si, tal vez así, la distancia desaparecía.
No paran de venirme recuerdos. Cuando era pequeña, durante unos meses, me acuerdo que tu presencia no me alegraba especialmente. Mi madre trabajaba por las mañanas, mi hermana se iba antes a clase y mi padre trabajaba también. Yo tenía que ir al colegio, tenía que despertarme cuando se habían ido ya todos. Tú venías, cada mañana, te levantabas y te vestías, hiciera el frío que hiciera, para despertarme. Me despertabas enciendo la luz. Eso era lo que me disgustaba. Tenía, tengo, muy mal despertar y me pierden los nervios muchas veces. Me ponía de mal humor despertarme así y me duraba mucho rato. No te decía nada, porque a pesar de que no lo soportaba, no quería molestarte. Te quedabas hasta que yo tenía que irme y me acompañabas hasta la puerta del colegio, aunque solo tuviera que subir una calle y cruzarla para llegar.
Hoy daría cualquier cosa por revivir eso, porque me despertaras durante unos meses cada mañana. Como yo a veces hacía en verano contigo.
Sé que si yo no encuentro la manera de acabar con la distancia, la encontrarás tú. Sé que no vas a dejarme sola, sé que, de alguna manera, no sé cómo, vas a estar conmigo. Porque yo nunca voy a olvidarte ni voy a dejar de quererte.

JilL

1 comentario »

  1. Jaume dicho:

    Ya te lo dije. Sé valiente. Eres fuerte. No dejes de quererle y tampoco de olvidarle. Porque mientras le quieras y le recuerdas estará un poco más cerca, un poco más a tu lado.


{ RSS suscribirse para los comentarios en esta entrada} · { URI para TrackBack. }

Dejar un comentario