Días de lluvia

-Sedúceme.

 

            Llevaba algún tiempo con el deseo torturándome, pero las palabras morían en mi garganta.

            Conseguí decírtelo, conseguí colarte por la puerta.

            Tus labios sabían a alcohol, los míos a cenizas de un centenar de cigarros y esperanzas apagadas.

            Llovía, hacía frío y yo me refugiaba en tu cuerpo y deseaba morir en él como las gotas de lluvia que se desvanecen al tocar algo más fuerte que ellas. Pero permanecen, a pesar de su debilidad.

            Yo quería permanecer en ti, no quería ser un recuerdo borroso, como lo es el paisaje que se ve un día como aquel por la ventana. No quería ser un día de lluvia más para ti.

            Sabía que eran muchas las que habían muerto allí, tal vez en otros días lluviosos. No quería ser una de ellas, no estaba preparada para otra derrota.

           

            Tu tacto también era de alcohol. Me pareciste menos fuerte, más perdido, más antihéroe que héroe, más igual a mí. Cargabas con tantos días de lluvia que arrastraban inundaciones de alcohol, que todo tú sabías a él: una mezcla entre whisky, ron y otro sabor más fuerte que dominaba a los dos primeros y los unía y que además, te hacía más adictivo. Me preguntaba a qué te sabría mi cuerpo, si a ron y a whisky o a esa otra sustancia desconocida y poderosa.

            Nos entendí como el ron y el whisky, tan conocidos, tan usados, tan poco originales, tan recurridos en momentos de desesperación. Unidos por alguna causa que ignorábamos, por esa sustancia más fuerte que nosotros, que disfrazábamos de deseo sexual por vestirlo de alguna cosa conocida.

           

            Y allí estábamos, entrelazados, formando un solo cuerpo que se exploraba a sí mismo, guiándonos por ese tercero invisible.

            No sé quién era. Ni yo, ni ese tercero ni quién eras tú.

            Tal vez aquella confusión de cuerpos era una simple recompensa a tantos días de lluvia de compañías que no dejan marca; a tantos días sin lluvia, la única emoción de nuestras vidas, salvo mis cigarros y tu alcohol.

            Tal vez era una simple búsqueda de una satisfacción asegurada, en lugar de intentarlo en otros terrenos dónde la posibilidad de probar el fracaso es demasiado grande.

            Fuera quien fuera el tercero, nos rendimos al placer.

            Seguía lloviendo. El mundo de fuera parecía un recuerdo borroso y lejano, tan diferente al éxtasis de nuestros cuerpos de alcohol y cenizas.

            Encendí un cigarro cuando te perdiste por el pasillo y regresaste con un vaso, no sé si de ron, de whisky o de ese tercero. Era más fácil entenderlo, entender nuestra existencia limitada a esos momentos, tras el humo de mi cigarro. Supongo que para ti era más fácil bajo tu terapia destructiva. Pero aún así, tuve miedo cuando miré por la ventana.

            Te pedí que te quedaras, al menos los días de lluvia. Sonreíste tristemente. No lo entendí como un no, imaginé que esa era la única forma de sonreír que conocías. Me apoyé en tu pecho. Se mezclaron de nuevo el tabaco y el alcohol; el ron y el whisky esperando al tercero, al placer de nuevo.

            Al menos, mientras siguiera lloviendo.

4 comentarios »

  1. Jaume dicho:

    Ya puedo evaluar tus cosos en público!!! Me alegro de que no hicieras que mi persona se degenerara hasta el punto de tener que crearme un blog.

    Hablaré como tú:

    Veamos:

    Aunque tú dices que este coso es una mierda y tal, yo no lo creo. Está bien. Hay frases muy molonas¿? y la ultima frase me parece la más adecuada para acabar un coso lluvioso. Ya sabes que lo del ron y el wisky no me ha acabado. Ya sabes que ahora yo soy más de flores xD. Y el “sedúceme” del principio no me gusta nada, me recuerda a un capitulo de Sexo en Nueva York donde un hombre disfrazado de Sandwich hace publicidad diciendo “Cómeme” y que acaba en la cama de una de las actrices principales. No me quiero acostar con un sandwich. Pero en lineas generales es guay. Sí, es tuyo y por tanto me gusta. Te odio por ello.

  2. darascully dicho:

    Es delicado. Brusco como el alcohol pero, a la vez, quizás un poquito solamente, tiene ese regusto de la melancolía triste, de la dulzura de quien espera, de quien sabe que los días serán siempre así, aunque anhela algo más.

    Me ha gustado mucho en general, ese calor tibio que le sobrevuela, esa melancolía efímera que parece bañarse en un vaso de ron. Lo veo un poco real, como si estuviera basado, al menos, en esencia, en algo que algún día ocurrió. Y si no es así, las palabras consiguen reflejarse de esa manera y ganan más fuerza.

    En definitiva, un relato espléndido.

    Un beso !
    Dara Scully

  3. Cath la PUTA dicho:

    ¿Porqué la gente habla tanto de cosos y ñaufos? Me están prostituyendo o algo.

    Ya sabes lo que pienso..

  4. CLau dicho:

    muy bueno.


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